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Nota opinión | Mientras no se transforme en política de estado, la seguridad del paciente y del personal de salud seguirá siendo una utopía
7/10/2020

Mientras no se transforme en política de estado, la seguridad del paciente y del personal de salud seguirá siendo una utopía.

Por: Dr. Ricardo Herrero, Dir. gral. del ITAES

En una editorial publicada hace unos años, detallé los motivos por los que la seguridad del paciente debía ser incorporada a las políticas de estado (*). Allí comentaba que a la “clásica” comparación de ocurrencia de eventos adversos con la caída de un avión jumbo por semana no se le daba la dimensión adecuada: por un lado, porque esas muertes no se producían todas juntas, por otro porque al dispersarse entre todos los efectores de salud del país se transformaban en hechos individuales y por último porque muchos eventos prevenibles se encuentran naturalizados.

Los accidentes laborales (no en itinere) se incluyeron, hace muchos años, como un indicador de calidad de atención brindada por establecimientos de salud, pues se afirmaba que el grado de siniestralidad del personal puede ser equiparable a la posibilidad que un paciente sufra un evento adverso. Junto con otras personas, proponíamos entonces pensar qué sucedería con la implementación de medidas de seguridad si, por ejemplo, las infecciones asociadas al cuidado de la salud afectaran al equipo actuante.

Tristemente, en la actualidad, la pandemia nos acerca a algún tipo de respuesta. El COVID-19, al aumentar los riesgos a los que se someten los integrantes del equipo de salud, incrementó en forma abrupta los eventos que los pueden afectar.

En la Rep. Argentina y hasta la semana del 17 de setiembre de 2020, la estadística mostraba que más de 30.000 trabajadores de la salud habían contraído el COVID-19, de los cuales 130 fallecieron. Dada la circulación comunitaria del virus, es complejo poder definir si fue contraído por situaciones vinculadas al desempeño de su actividad o por ser parte de una comunidad afectada. Pero algunas comparaciones estadísticas según género, edad, tasa de letalidad, entre otras variables, permitirían inferir que un elevado porcentaje del equipo de salud contrajo la enfermedad en su ámbito laboral.

Más allá de las estadísticas, la pregunta sería ¿hasta cuándo seguiremos naturalizando la inseguridad en la atención de la salud?

El accidente del transbordador espacial Challenger, que provocó la muerte de 7 personas, llevó a discontinuar uno de los programas que la NASA desarrollaba. Sus nombres, sus caras y la imagen de sus familias inundaron las primeras planas de todos los medios. Desde sus comienzos, en la actividad espacial han fallecido 22 astronautas. La estadística es marginal, sin embargo un solo accidente hizo redoblar las medidas de seguridad.

Todas las muertes son igual de trágicas. Sin embargo las vinculadas con la atención de la salud pareciera que no lo fueran salvo para sus allegados, transformándose para el resto de la sociedad en una estadística más; mientras que si se producen accidentes fatales en otras actividades, también de riesgo, los mismos se transforman en noticia y la sociedad exige la revisión de los protocolos existentes.

Existen otras profesiones, como policía y fuerzas de seguridad, en las que el riesgo de muerte está implícito -pues aunque se extremen las medidas de seguridad y se minimice el riesgo, éste seguirá existiendo. Si comparamos cuantitativamente para un período temporal similar a lo que llevamos de pandemia, cualquiera sea el año que se tome, se verá que hay un menor número de fallecimientos en dichas profesiones que en trabajadores de la salud (TS) desde el brote del COVID-19. Paradójicamente, la sociedad rinde homenaje a la pérdida irrecuperable de aquellos trabajadores; no sucediendo lo mismo con las/los TS.

¿Qué significa la tasa del 0.38% de letalidad del COVID19 en TS afectados? Si pensamos en las personas que dejaron su vida por cumplir con su trabajo (para el caso de las/los TS) o que simplemente concurrieron a asistir su salud (para el caso de las/los pacientes) la tasa no importa; la significación individual es absoluta.

Tendríamos que dejar de hablar de estadísticas, poniéndole nombre y apellido a las personas fallecidas, para poder tomar conciencia que la seguridad en la atención de la salud debería ser una política de estado.


(*) Entiéndase política de estado como la decisión, consensuada por el conjunto de la sociedad, de asignar prioridad a un tema específico y no solamente como las acciones llevadas a cabo por un gobierno determinado.